“Monstruo” de Troya.

Al leer el texto “el caballo de Troya al revés” de Queralto, nos encontramos con ciertas ideas interesantes; para empezar, nos advierte de la imparable carrera que está haciendo la tecnología en nuestros días por intentar llegar cada día más lejos, especialmente podemos verlo de forma notoria en la manera en que ha irrumpido en nuestras vidas sin que se nos haya dejado tomar esa decisión, más concretamente en el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación. A raíz de este despegue cada día más acelerado de la innovación tecnológica, Queralto advierte de que el fin real de la tecnología es producir objetos que sirvan como medio de transformación y manipulación de la realidad.

Es inherente a este hecho que el modo de pensar de los individuos así como el ritmo de vida va directamente relacionado con el sistema que rige nuestro presente: la tecnología. Si el proceso tecnológico es cada vez mayor y más acelerado, arrastrará irremediablemente al unísono todo aquello que se deja arrastrar por la tecnología misma. Afirmo aquí que la gran mayoría de los seres humanos nos dejamos ser arrastrados por la rapidez de la tecnología ya que cada vez nos proporciona aquello que queremos de manera más rápida, nos hemos acostumbrado, por así decirlo, a la comodidad de que nos dota el avance tecnológico, así como por otra parte hace que normalicemos el hecho de querer algo y quererlo rápidamente, y obtenerlo; no nos cuesta prácticamente trabajo realizar las pequeñas acciones físicas del día a día, y el problema que localizo de fondo es el gran apego a la tecnología en la medida en que el ser humano la ha tomado como algo vital, y no como una herramienta útil secundaria, lo cual está en condiciones de generar en los individuos una incapacidad de resolución de problemas vitales así como la pérdida del interés por el esfuerzo.

Por otro lado, Queralto introduce la idea de presentar lo ético como algo que ayude a la eficacia y equilibrio de la sociedad tecnológica, algo que nos sugiere algo así como “si no puedes con el enemigo, únete a él”. Presenta a su vez, la idea de que la ética es vista desde fuera como un obstáculo para la felicidad del hombre, de manera que su solución sería utilizar el término felicidad enlazándolo con la ética de cara la población para así persuadir de que son términos correlativos. En mi opinión no es sino una manera incorrecta, en la medida en que no deja al sujeto que piense por sí mismo acerca de la ética y acerca de la felicidad del propio individuo, nadie mejor que uno mismo para saber lo que constituye su propia felicidad, pero nunca la ajena; no deja de ser otra manera demagoga de imposición de una idea sin dejar libertad ni espacio para la opinión crítica, al igual que haría una campaña publicitaria.

Nos advierte por otro lado de la imposibilidad de una situación en la cual se llegue a dar la desnaturalización de la ética, afirmando con rotundidad que estaría todo bajo control; esto no me parece sino una manera de jugar a ser Dios; nunca se puede llegar a calcular el alcance de una esfera determinada, podemos hacer previsiones pero no confiar plenamente en que se cumplan.

El problema es que si disfrazamos la ética en pro del desarrollo tecnológico y el consecuente bienestar para el empresario, estamos creando confusiones en torno al verdadero significado de la ética. Nos da el autor un ejemplo en el cual la ética se ha introducido en la empresa de manera que ha beneficiado por un lado económicamente a los empresarios, y también al bienestar en el área laboral a los empleados: se trata de la introducción de climatizadores en oficinas y centros de trabajo. A simple vista podemos pensar que es beneficioso para todos, pero no hemos parado a pensar en el daño colateral que resulta para la atmósfera.

Si esto fuera ética real, estaríamos al tanto de todas las posibles variables que están en condiciones de verse afectadas o favorecidas. En realidad lo que se está haciendo es un uso determinado de la tecnología mediante el cual se obtienen más beneficios “éticos” fortuitamente; cuando la finalidad de la tecnología no es más que la obtención de una mayor rentabilidad económica; el hecho de que la tecnología favorezca a los empleados es realmente una consecuencia secundaria y casual.

Esther Gutiérrez Díaz.

 

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