La teoría de la justicia de Amartya Sen

La obra de Amartya Sen se centra en dar respuestas a cómo reducir la injusticia observada tratando de identificar la justicia reparable. Sabemos que hay injusticias y que el mundo no es todo lo justo que esperamos pero hay injusticias que de todo punto de vista son remediables. Para identificar cuál es la justicia reparable hay que tener en cuenta que hay factores que pueden unir en lugar de separar favoreciendo las injusticias a las que nos enfrentamos con más frecuenta de la que deberíamos. Factores como los económicos, los sociales y los políticos, así como nuestras percepciones personales sobre la violencia, el terrorismo o cuestiones polémicas nos llevan en muchas ocasiones a no ver dónde está y quién padece la justicia reparable. Y es que hay que recordar que como en la guerra, mientras haya injusticias no habrá vencedores sino vencidos.

Sen en su tratamiento de la justicia lleva a cabo un análisis historiográfico de las respuestas que se han dado a cuestiones relativas a la justicia. Lejos de defenderlas pone de manifiesto sus debilidades mostrando que no se ajustan a casos reales y concretos que afectan a los individuos en su día a día. De lo que se trata es de mejorar la injusticia y no de ofrecer respuestas a la “naturaleza de la justicia perfecta”. No existe algo así como la justicia imperfecta; siempre habrá algún individuo que quede fuera de la idealidad supuesta dado que los casos son variados y las circunstancias en las que nos movemos cambian constantemente. En materia de justicia el estado ideal es irrelevante y no supone una mejora en la reducción de las injusticias.

Entre los autores que forman parte del llamado “institucionalismo trascendental” encontramos a autores como Locke, Hobbes, Rousseau y Rawls, entre otros, que consideran en sus obras un modelo perfecto o idealidad a partir de la cual identificar o definir los casos. El hecho de que haya un ideal plantea una rigidez que no permite abarcar matices que son necesarios a la hora de hacernos cargo de los casos que hemos denominado de “justicia reparable”. Por otra parte, autores como Mill, Marx o Condorcet consideran la justicia desde un enfoque comparativo entre hechos observados o hechos previstos en sociedades ya existentes o potenciales. Lo que ocurre es que ambos posicionamientos defienden tres soluciones cada una de ellas inequívoca desde sus posiciones y negada a reconocer mérito a las demás. Los libertarios, los utilitaristas y los igualitaristas no llegan a un acuerdo común; no hay consenso y eso es sintomático: hay que teorizar en otros términos la cuestión de la justicia.

Sen propone que superemos, por tanto, las limitaciones de nuestras perspectivas personales y nos centremos en las capacidades de cada individuo. Se trata de buscar las oportunidades reales en las que los individuos pueden desarrollarse. Es aquí donde introduce la noción de “capacidad”. Según Sen, los individuos no pueden definirse por sus ingresos sino por la capacidad de transformarlos en aquello que cada uno necesita para vivir. Para concluir, no hay que olvidar que su teoría tiene aplicación práctica y precisamente esa es su intención. Así, la propuesta de Amartya Sen se encamina a reducir las injusticias tratando de proteger a todos conforme a su “capacidad” personal, algo que no podemos más que valorar como una gran aportación a la crisis en la que se ha visto envuelta la Transmodernidad.

 

Raquel Morales

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