La herramienta de las corporaciones.

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En la presente entrada me dispongo a realizar una reflexión acerca del documental “The corporation”  en la cual tomaré como referencia a uno de los llamados filósofos de la sospecha: Sigmund Freud, y su texto: “el análisis profano”.

Para aquellos que no estén familiarizados con esta teoría, de manera general procederé en los siguientes párrafos a tratar uno de los asuntos principales de los cuales trata el autor partiendo de la idea de que existen dos instancias en todo ser humano; el yo y el ello.

En base a la existencia de dos esferas: la consciente, en la cual situaremos al yo; y la inconsciente, donde encontramos la instancia llamada ello, la cual no conoce de moralidad, ni distingue entre lo que está bien o mal, al ello lo único que le preocupa es llevar a cabo un impulso primario para la obtención del placer. Surge un conflicto en la medida en que el yo tiene que lidiar con neutralizar los deseos del ello, los cuales no siempre puede llevar a cabo en la realidad existente (donde entra en juego el carácter cultural impuesto en la sociedad determinada en la cual vive el individuo en cuestión, así como ciertas normas morales que en teoría debe cumplir). En ese momento, se produce sistemáticamente un conflicto interno en la persona; los deseos del ello pasarán a ser reprimidos de manera inconsciente al no haber sido llevados a cabo.

En el supuesto de que todos los individuos seamos presos de esos deseos insatisfechos, salta a la vista que hay en cada uno de nosotros un hueco interno que no somos capaces de rellenar. No sería descabellado pensar por un momento que quizás ese hueco permanente en nosotros sea una perfecta herramienta para las corporaciones, que quizás las empresas sean las primeras beneficiarias de ello en el sentido en que cada vez más están encaminadas a producir ya no necesidades sino productos con los que obtener placer. Pero esto en el fondo no pasa a ser más que un engaño si nos paramos a pensar en el hecho de que lo que nos ofrecen es de índole material y lo que realmente está buscando el ello es de otra naturaleza. Aquí podría decirse que el sujeto en la medida en que se hace consumista se enrolará en un círculo vicioso del que no podrá salir ya que no parará de querer obtener más cosas para llenarle, que en realidad nunca le llegarán a llenar, y volverá a consumir buscando aquello que en el fondo no deja de ser una búsqueda hacia él mismo y que no podrá encontrar en un medio puramente materialista. Las corporaciones, cegadas por el poder, han encontrado el talón de Aquiles de la sociedad.

Para finalizar esta reflexión he considerado conveniente añadir una cita del filósofo alemán Theodor Adorno: “los que prostituyen su individualidad aceptan de grado, jueces de sí mismos, la condena que la sociedad les ha impuesto. De este modo justifican también objetivamente la injusticia que padecieron”.

Esther Gutiérrez Díaz.

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