Crítica del documental “Inside Job”

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Dos años después del “crack” financiero de 2007, el documental “Inside Job” arrojó una incoherente e indignada crítica hacia los hechos previos a la crisis. Charles Ferguson, director del mismo, cuyo último film titulado “Sin final previsible: la ocupación estadounidense de Irak” había sido lanzado justo cuando la guerra de Irak tocaba a su fin a los ojos de una gran mayoría, articuló una diatriba contra Wall Street carente de la clásica picardía michaelmooreana pero que comparte su mirada estrafalaria hacia el panorama socioeconómico actual.

Para empezar, muchos de los argumentos y datos esgrimidos en el documental ya habían sido señalados con anterioridad. El sector financiero, se nos dice, creó activos basados en hipotecas errando clamorosamente en las estimaciones de la tasa de morosidad y calificando bonos tóxicos como inversiones de máxima categoría en un permanente conflicto de intereses por parte de las empresas de calificación como Moody’s. Sin embargo, resulta aterradora la visión sesgada de Ferguson, que no duda en defender medias verdades, contradicciones e incluso auténticos sinsentidos. Nos insta a indignarnos ya que nuestros bancos dañaron la industria manufacturera china (la cual, al contrario, sigue siendo una de las más eficientes de la economía de ese país, tal y como muestra el último Global Competitiveness Report del año 2012-2013 elaborado por el Foro Económico Mundial) y trasladaron pérfidamente millones de puestos de trabajo al país asiático. A Ferguson le enfurece el rescate de AIG tanto como la ausencia del mismo en el caso de Lehman Brothers. Narrado por la dulce voz de Matt Damon, Ferguson nos cuenta desde el principio cómo la crisis financiera causó la recesión… ¡para, una hora después, afirmar que la segunda empezó ocho meses antes que la primera! El carácter dudoso que tiñe todo el documental queda calamitosamente confirmado en ese momento.

En cuanto a los bancos, estúpido y equivocado no son sinónimos de ilegal. El ánimo de lucro no es un delito ni un crimen. Los banqueros no esperaban que sus arriesgados y alocados negocios fueran a ser financiados por el dinero del contribuyente. De hecho, en algunos casos eso no ocurrió. Por el contrario, las instituciones semipúblicas Freddie Mac y Fannie Mae, que el documental rechaza tratar con imparcialidad, sí que garantizaban esas hipotecas y se sabían cubiertas con dinero público. Los inversores privados que se metieron en el mismo barrizal también estuvieron, en parte, influidos por las políticas de tipos de interés artificialmente bajos llevadas a cabo por el gobierno. Freddie Mac y Fannie Mae fueron rescatadas, y su hemorragia de 150 millones de dólares en el momento del estreno del documental sí que merecía el título de “Sin final previsible”. Posteriormente a su rescate, el gobierno dejó hundirse a Lehman Brothers para después salvar a AIG. Nadie lo entendió. La confianza cayó y las bolsas se hundieron. El gobierno lanzó el plan TARP (Troubled Assets Relief Program) que compraba activos tóxicos, lo que volvió a hundir la bolsa. Para solucionarlo, el gobierno recapitalizó esta vez a los bancos, lo que provocó que el mundo entero se diera cuenta de que utilizaban la bolsa para ver si sus propias acciones tenían sentido y de que estábamos gobernados por unos incompetentes. Increíblemente, Inside Job ignoró todos estos problemas centrales para perderse en cuestiones tangentes, obsesionado con Islandia (país con menos habitantes que Luxemburgo), denunciando e intentando desprestigiar a profesores universitarios por ejercer de consultores de la banca y acusando a ejecutivos de Wall Street de financiarse prostitutas y drogas a través de sus cuentas de gastos.

Mientras tanto, el sector privado ha seguido funcionando al mismo ritmo que siempre y, según el profesor Casey Mulligan, de la Universidad de Chicago, la productividad del sector no financiero norteamericano ha aumentado durante la crisis. Es evidente, por lo tanto, que la economía norteamericana volverá a ir viento en popa, a toda vela en cuanto el gobierno y su incompetencia se echen a un lado. Respecto a Matt Damon, si le preocupan las remuneraciones exorbitantes, los grupos sociales aislados de la realidad y los hábitos personales cuestionables, quizá debería centrarse en un documental sobre la industria a la que él mismo pertenece.

Alejandro Lázcoz Uceda

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