Guerra de poder

Antes de comenzar expondré los ejemplos de Hobbes y Rousseau para poder visualizar en mayor medida la propia naturaleza del poder.

 

En ambos autores los hombres son libres e iguales, la diferencia reside en la concepción del hombre que tiene cada uno. Para Hobbes el hombre es un ser egoísta, injusto y cruel, mientras que para Rousseau el hombre, el “buen salvaje”, es bueno, generoso y solitario. Así, el estado de naturaleza en Hobbes es un estado de guerra (Locke argumenta que es distinto estado natural y estado de guerra, pues también se puede dar un estado de guerra en el estado civil) en el cual hay una pugna por los honores, por el orgullo. En cambio Rousseau argumenta que el estado de naturaleza no es estado de guerra sino que las guerra se producen en el estado civil, mientras que en el estado de naturaleza el hombre es bondadoso y no sufre desigualdades. Las desigualdades son las que provocan las guerras.

 

Si partimos de la visión de Rousseau, partimos de la idea de que el hombre es bueno por naturaleza y de que se corrompe en sociedad. El hombre en sociedad sufre unas desigualdades provocadas por la jerarquización, por el poder. Sin embargo, vemos que el poder puede ser aceptado positivamente al tener una aplicación práctica.

 

En Foulcault el poder se encuentra entrelazado con la realidad humana y social. Para que el poder pueda estar unido a esta realidad humana y social utiliza el saber como un medio o proceso para validar su fin. No desde un punto negativo sino como un poder que estructura y codifica la subjetividad y los comportamientos humanos. La gran aceptación se produce gracias a que el poder tiene una aplicación práctica y, por tanto, rentable aparentemente.

 

Desde el marco social nos damos cuenta, con limitadas excepciones, de que todo está subordinado a jerarquizar cualquier núcleo social, ya sea económico, religioso, familiar, académico, etc. Esto puede entenderse beneficioso ya que este saber práctico lo llena de una lógica aparentemente buena para la sociedad, aunque unos sean más beneficiados que otros. Sin embargo, desde el punto más ético, la sociedad es un germen; un germen que provoca el desequilibrio de la sociedad.

 

No se puede pasar por alto tales sucesos: hay que criticarlo. Una crítica que es deseada por el propio Foulcault. Una crítica que, a vista de muchos, debe de ser símbolo de resistencia ante la guerra de poder.

 

 Macarena Lucas

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Un Comentario

  1. Tras abordar este tema del poder se me han generado muchas preguntas como las siguientes:
    ¿Es posible la desaparición del poder?
    ¿Cuáles son las divisiones de poderes existentes?
    ¿Existe algo que no esté subordinado al poder?
    A estas preguntas tengo breves respuestas. No creo que sea posible una realidad sin poderes.Toda realidad práctica es subordinada, tal vez una realidad teórica podría salvarse de la subordinación.

    Parece ser que la propia crítica se impone dentro de la practicidad del poder.
    Nos encontramos con una visión bastante pesimista ante la imposibilidad de una solución.

    Macarena Lucas

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