La ciudadanía de la corporación

Cuando un grupo de individuos se asocia para llevar a cabo una actividad empresarial -con fines lucrativos- se constituye legalmente como una persona individual y forma parte de la sociedad como un miembro más. Lo interesante es plantear si el concepto de ciudadanía podemos aplicarlo a la corporación de la misma manera en que lo hacemos con nuestro vecino.

El concepto de ciudadanía hace referencia a un sujeto personal titular de derechos y obligaciones que establece relaciones sociales como miembro de un Estado. La corporación, entendida como un sistema en sí mismo, relaciona al conjunto de sus miembros con un fin común a todos ellos –por el cual se han reunido-. Se trata de alcanzar un objetivo consiguiendo resultados. Los individuos de manera conjunta forman un todo que los constituye como persona jurídica y que les permite actuar en sociedad dotados de derechos y obligaciones, pero siempre con un fin: el lucro. En el caso de los demás individuos que forman parte de la sociedad como entidades atómicas de la misma, ¿cuál es su fin en la sociedad como persona dotada de derechos y obligaciones si no es acaso el de estar dotados de derechos y obligaciones? Podríamos decir que la ciudadanía se dirige hacia sí misma de manera reflexiva. El fin de la ciudadanía recae en sí misma, es más la ciudadanía es un fin en sí mismo.

¿Qué ocurre con la corporación? Que, como exige su función, apunta al fin por el cual se creó: el beneficio. Este fin es externo a ella misma; por ello, se hace necesaria la prosecución de una serie de medios para lograrlo. El concepto de ciudadanía se entiende más habitualmente como construcción social e histórica ligada a los individuos que forman la polis, esto es, la ciudad. Esa construcción se constituye como fin en sí mismo mientras que la construcción corporativa siempre apunta a fines externos. Es por ello que el concepto de ciudadanía no se ajusta “con todas las de la ley” a esta persona jurídica.

Hemos dicho que el fin de la corporación es el beneficio y que para ello se vale del concepto de ciudadanía –aunque no se ajuste al mismo- para formar parte de la sociedad como un miembro más. De esta manera se hace omnipresente en la vida de los demás individuos que componen la sociedad. Busca un fin, el qué –beneficio-, pero ¿y el cómo? Este sistema corporativo encierra una mentalidad utilitarista que justifica los medios en base al fin de su actividad empresarial. Se trata de no quedarse atrás en una carrera que sólo gana el líder y los que le siguen de cerca. Por eso, como hace el sofista, muchas veces se actúa en disonancia con lo que antes se ha dicho y viceversa. Este “impulso sofista” es alentado por el poder. El poderoso poder del poder arrasa, en ocasiones, con todo lo que encuentra a su paso y no mira las consecuencias que tiene su actividad a largo plazo. Si añadimos que el concepto de ciudadanía se rige bajo el principio formal de igualdad, entonces tendríamos que considerar que en sociedades –como la nuestra- fuertemente dominadas por el poder, no podemos aplicarle los mismos derechos y obligaciones a un individuo corriente que a una corporación que “no tiene alma que salvar ni cuerpo que encarcelar”. De lo contrario, el otro concepto que está en juego, la igualdad, se evaporaría.

Raquel Morales Díaz

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Un Comentario

  1. Muy buena entrada Raquel!

    El hilo argumentativo que has seguido es muy interesante, sobretodo si se analiza desde el punto de vista de los juristas, que son los que se ocupan de estudio del derecho y las leyes. Vemos también que no hay un camino evidente de hacia donde debemos ir para intentar cambiar el hecho de que, prácticamente, las corporaciones tengan más libertades y derechos que obligaciones, las cuales se utilizan para generar beneficios sin tener en cuentas las repercusiones sociales y medio-ambientales. Esto lo trato en mi entrada sobre la corporación (http://politicamentefilosofando.blogspot.com.es/2013/03/el-diablo-se-viste-de-cordero.html), ya que me parece un tema demasiado importante como para dejarlo de lado.
    Cabría plantearse ahora qué se puede hacer con estos problemas que generan las corporaciones desde el punto de vista de la sociedad y cuáles son los medios necesarios para conseguir estos fines.

    ¡Un saludo!

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